Te conocí en el fin del mundo, la gran coincidencia y el destino nos ataron a una época y lugar distintos.
Similar a la sensación que causa un dejavú, evidentes miradas cruzadas sin entendimiento, cuerpos acercándose, almas entrelazadas y el nacimiento de un único sentir, porqué respirar y porqué vivir. Instantes efímeros presentes tan solo en la memoria, recuerdos inconcientes, almas heridas por actos concientes, incertidumbre de tan sólo haber imaginado lo vivido. Crueldad del tiempo, olvido.
Silencio, frío y triste silencio. Oídos que no oyen, sordos corazones, mudez del espíritu o simplemente optar por callar. Sueños e ilusiones se desvanecen, se convierten en espacios vacíos, cicatrices, heridas sin sanar. Imposibilidad de olvido, crueldad del amor. Tiempo a veces cruel y a veces ansiado tiempo. Crueldad de la vida, la muerte y a veces ansiada muerte. Lejanía de cuerpos no tan evidente como la lejanía de espíritus, almas distantes corrompidas por lo obsesivo de la vida, paranoia maldita, recuerdo latente, presente pero inconciente, daño imborrable.
Cerré, y abrí los ojos nuevamente, época y lugar distintos; no te veo, inminente proyección del alma.